Simplemente
la mejor historia de amor y también de desamor que Clara pudo tener. Ella era
una chica muy enamoradiza, se ilusionaba prácticamente con cada chico que le
hablaba como si fuera una princesa, y así fue, se enamoró del chico erróneo una
vez más.
Era
un día como los otros, ella iba distraída leyendo, alzo la mirada y se encontró
con uno de sus buenos amigos; era Mateo, Mateo era un chico de su salón, era
muy agradable y sociable, era lindo con ella, Clara levantó la mirada y vio a
un chico admirablemente alto, era atractivo, Mateo los presentó;
-
Clara, él es Sam – Dijo Mateo.
-
Hola Sam, mucho gusto – Dijo Clara distraídamente.
-
Hola Clara – Dijo Sam guiñando un ojo.
Hubo
un pequeño silencio a lo que Sam preguntó:
-
¿Tu eres muy amiga de Harmony? –
-
Si, es mi mejor amiga, ¿porque? –
-
Es que ella me parece linda – Sam simplemente sonrió.
-
Ohm… – Contestó Clara – Tengo que irme, un gusto Sam.
Antes
de que Sam dijera alguna palabra Clara tomó su libro y su mochila y se retiró con la mirada baja, mirando
fijamente el piso. Ella se preguntaba por qué un chico como él le habría hablado,
se detuvo, y siguió caminando al pensar que solo le hablaba para acercase a
Harmony. Era obvio que era así, Harmony era una chica sociable, muy atractiva,
realmente hermosa, tenía una sonrisa empalagante y sorprendentemente
encandilante.
Finalmente
Clara fue a sus clases como diario hacía, calló el atardecer y Clara se sentó
en una banca a leer, era el atardecer perfecto, una perfecta mezcla entre
morado y coral, como una pintura en óleo, ella continuaba leyendo el capítulo
14 de su libro favorito, volteo distraídamente y Harmony se acercaba, Clara sonrió
y comenzaron a conversar.
-Hola
bonita – Dijo Clara sonriendo.
-Hola
pequeña – Dijo Harmony esbozando una pequeña pero linda sonrisa.
Se
abrazaron ya que en todo el día no habían hablado. Continuaron platicando hasta
que vieron pasar a su maestra. Caminaron juntas hasta su salón. Clara tomó su
asiento y continuó con su aburrido día, igual de aburrido que los demás.
Realmente su vida era aburrida, ella estaba aburrida de su rutina, necesitaba
cambiar pero aun así sabía que seguiría siendo invisible para los demás.
Llego
la hora de salir, tomó sus cosas ansiosa y caminó hasta la entrada, solo quería
llegar a su casa, encerrarse en su cuarto a continuar leyendo, o tocar su
guitarra, era su mayor pasión. No le gustaba demostrar que estaba harta de esa
vida, no le gustaba demostrar sus sentimientos por temor a ser lastimada o decepcionada
una vez más. Levantó la mirada en busca del auto de su padre, volteó a su lado
izquierdo y vio a Mateo que la saludaba, se acercó para despedirse de él y de
Harmony, de repente se dio cuenta que estaba ese chico alto del que no
recordaba su nombre.
-Buenas
noches hermosa – Dijo Clara mientras se despedía de Harmony – Hasta mañana
Mateo.
-Si
claro adiós – Dijo Sam bromeando.
-Ohm,
lo siento chico del que no me acuerdo su nombre, buenas noches –
-Sam
–
-¿Ahm?
– Dijo Clara confundida.
-Me
llamo Sam –
-Ohm,
claro… --
Clara
dio media vuelta y se dirigió a su auto mientras apreciaba el cielo obscuro y
las estrellas iluminándolo. Subió a su auto, su padre y ella comenzaron a
conversar.
-¿Qué
tal tu día? – Preguntó el padre de Clara.
-Como
siempre –
-¿No
hay nada nuevo? –
-Solo
que conocí a un chico, un chico popular, solo eso. ¿Viste el hermoso atardecer
de hace unas horas? –
-No,
no tuve tiempo, te prometo que mañana lo veré –
Llegaron
a casa, ella entró y dejo sus cosas en el comedor como siempre lo hacía, subió
las escaleras, se dirigió a su cuarto, cerró la puerta y se tiró en la cama a
observar el techo. Repentinamente se quedó
dormida.
Era
un nuevo amanecer. Se sentía como siempre; vacía. Así pasaban los días;
escuela, siempre veía a Sam pero no le importaba, no quería volver a
interesarse en ningún chico.
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